¡Voy a comedte!

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Un lobo malo, hambriento y que habla de una forma rarísima espera en el bosque a que aparezca un delicioso bocado. Con tan mala suerte que se topa con un par de conejitos listos que le quitarán un pelo que tiene en la lengua y, sobre todo… ¡las ganas de comer carne! El primer conejo descubre que el lobo habla raro porque tiene un pelo en la lengua. Le promete extraérselo y, con esa artimaña, escapa. Otro conejo lo engaña “enseñándole” a cazar bien. El lobo finalmente se equivoca, ataca a un oso y en su huída se da un trastazo y pierde los dientes. ¡Y se hace vegetariano! Puede parecer la típica historia del lobo malo que es escarmentado por los inocentes animalitos. Sin embargo, es un álbum muy arriesgado tanto desde el punto de vista narrativo como gráfico. Con una paleta de colores muy atractiva, tipografía que juega con los tamaños, evoca al cómic y al dibujo animado. Un libro que se atreve a “hacer hablar” mal al lobo durante toda la historia, desde el mismo título y es muy aprovechable para el juego teatral en el colegio. Los niños se divertirán mucho con la mala dicción del lobo y seguramente la frase “voy a comedte” se convertirá en la comidilla.

Descripción

Un divedtido lobo fedoz

El enorme y malvado lobo de esta historia es tan torpe que da risa en vez de miedo. A eso ayuda no poco el defecto de dicción al que hace referencia el título. Cuando le dice a un conejito blanco: “¡Voy a comedte ahoda midmo!”, el conejito en vez de asustarse, primero le pide que le repita lo que ha dicho y luego lo deja esperando mientras va a por unas pinzas para quitarle el pelo que tiene en la lengua. El lobo no tiene más suerte con un parlanchín conejito rojo, que encima se permite darle lecciones sobre cómo se cazan conejos.

Finalmente, las urgencias del hambre llevan al lobo a cometer una torpeza tal que se le quitan las ganas de comer carne para siempre.

Un cuento con poca narración y mucho diálogo que invita a ser no sólo leído en voz alta, sino también interpretado, impostando la voz de los protagonistas. En este sentido, la tipografía funciona a modo de acotaciones teatrales, aumentando el tamaño de las letras cuando es preciso alzar el volumen de la voz. Cuesta poco imaginar esta historia siendo interpretada por títeres o por niños en una función escolar.

El autor se atreve a presentar un protagonista con un defecto en el habla, sabiendo que habrá padres de hijos con dificultades de dicción a quienes esto no les haga demasiada gracia. Pero no está mal desdramatizar los problemas. Cuesta menos corregir los defectos de dicción que aprender a reírse de los defectos propios.

Información adicional

Autor

Edad

, ,

Editorial

ISBN

9788492750863

Páginas

36

Tapa

Dura

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